
Del director David Frankel, Una pareja de tres se presenta como la típica comédia estadounidense que te asegura una hora y media de carcajada continua... pero no es así. Tras ver el spot televisivo de la película, lo último que esperas es salir del cine con kleenex en mano y lágrimas en los ojo. Enfadado diría yo que se sintió mas de uno al salir de la sala, especialmente los que decidieron ver la película con niños. Pero dejándo a parte la forma en la que promocionan la película, es cierto que me gustó y mucho. No iba con intenciones de ver un drama disfrazado de comedia, pero reconozco que de lo que podría haberse quedado en una simple ficción graciosa han conseguido una buena película.
Todo empieza con una pareja corriente que tras casarse y encontrar un buen trabajo como periodista, se plantean la idea de ser padres. Para tratar de conocer cómo sería criar a un bebé, deciden comprar un cachorro al que llamarán Marley (en honor a Bob Marley). El perro crece al mismo tiempo que vienen los bebés y ellos evolucionan. Aunque Marley no es en absoluto sencillo de educar (más vien bastante travieso), les ha acompañado en todos los momentos y se convierte en uno más de la familia. Pero hasta aquí todo perfecto, una historia bonita, con bastantes puntos graciosos y muy agradable de ver hasta que que el precioso perrito (además de ser bastante mayor) se pone enfermo. A partir de aquí, el dramatismo es una constante en la película. Escena tras escena atraen a los espectadores al llanto. Mi pregunta aquí es por qué se ha catalogado la película de comédia. El final de la película es propio de un documental sobre los últimos días de vida y muerte de tu animal de compañía. Todo absolutamente todo es mostrado a cámara, especialmente cuando le inyectan la aguja (de la muerte) y él va cerrando poco a poco los ojitos hasta que muere. Y ahi termina la película, con el perro en torno al que gira la película muerto. Y además de la forma más dramática posible.
En resúmen, es una película preciosa pero triste, y sobre eso convendría dar algún indicio en el spot. Está muy bien poder ir al cine a echarte unas lágrimas si te apetece, pero no me parece bien confundir al espectador con una comédia que se llega a remontar a los llantos que tantos echámos en Titanic.

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